Globalización y ¿Riqueza?

Globalizacion y ¿ Riqueza?

No podría haber un tema más controvertido, con opiniones tan enfrentadas, y más interesante y oportuno para inaugurar este blog como el tema de la Globalización y la consecuente creación de riqueza mundial.

En la actualidad podemos afirmar que la característica más reseñable de la economía es el creciente proceso de globalización que se ha venido desarrollando desde las últimas décadas del siglo XX, aunque sería más acertado hablar previamente del concepto de Mundialización, concepto más amplio acontecido con anterioridad a la globalización, producto de la expansión de las sociedades y de las economías nacionales por el mundo en todos los niveles políticos, religiosos y tecnológicos, tendente hacia una “aldea global”.

Según Celestino del Arenal, en su trabajo titulado “Mundialización, creciente interdependencia y globalización en las relaciones internacionales”, la mundialización se define como “la dinámica que lleva desde un mundo marcado por la existencia de distintas sociedades internacionales particulares, incluso sin contacto entre sí, existente a mediados del siglo XV, hasta un mundo caracterizado por la existencia de una sociedad internacional mundial y universal […], a través de un proceso de expansión, conquista y colonización del resto del planeta, que culmina a principios del siglo XX, con el dominio de Occidente sobre todos los espacios terrestres“.

La globalización por su parte es un proceso ligado más íntimamente al desarrollo del capitalismo y el fortalecimiento de los sistemas económicos de libre mercado como nueva modalidad de la expansión del capitalismo a partir del último cuarto del siglo XX.

La política de internacionalización de la economía actual está basada en la economía capitalista o economía de libre empresa,  sistema económico que se rige por las llamadas leyes del mercado o economía de mercado donde los agentes económicos se especializan en la producción de bienes y servicios, y satisfacen sus necesidades materiales a través de intercambios voluntarios de los mismos en el mercado.

En esta economía de mercado los recursos se asignan a través de la toma de decisiones descentralizada de la totalidad de los agentes creando el mecanismo necesario para asignar eficientemente los recursos escasos que se encuentran en el mismo. Para reafirmar lo anterior podemos mostrar como ejemplo la imposición por parte de la Unión Europea (UE), como requisito para formar parte de la misma, del cumplimiento de los “criterios de Copenhague” entre los que se encuentra el de poseer una economía de mercado en funcionamiento y capacidad de hacer frente a la presión competitiva y a las fuerzas del mercado dentro de la UE.

Bajo el modelo económico y político del neoliberalismo, enmarcado dentro de las doctrinas del liberalismo económico y el sistema capitalista, que defiende la liberalización económica, mercados abiertos y desregularizados, libre comercio, privatización de los sectores y crecimiento de las economías nacionales a partir de una división del trabajo pensado a gran escala, la economía actual ha ido desarrollando un modelo de globalización cuyas características más destacadas han sido:

  • Adaptación y flexibilización del mercado de trabajo desarrollando una mayor desprotección del trabajador.
  • Traslado de las fábricas hacia países subdesarrollados o poco desarrollados en los que la mano de obra es más barata.
  • Innovación tecnológica constante buscando la reducción del coste de las materias primas y de la mano de obra.
  • Aumento del poder de las grandes multinacionales en detrimento de la soberanía de los Estados.
  • Ensanchamiento del abismo económico entre los países desarrollados y los subdesarrollados, produciendo un aumento de la conflictividad.
  • La consideración, por parte del neoliberalismo, del excesivo intervencionismo del Estado en la economía como causante de las crisis económicas a nivel mundial.

 

El actual capitalismo globalizador ejerce una presión cada vez más fuerte buscando una mayor integración del mundo en un sistema global unificado, sin embargo esto está provocando una creciente diferenciación entre centro y periferia, creciendo esta última más rápido que el centro y con fortalezas en su capacidad de generar ahorros exportables. Las últimas crisis económicas han puesto de manifiesto las costosas políticas de austeridad junto a una tendencia a la acentuación de la desigualdad de ingresos y riquezas, fortalecimiento de poderosas élites económicas que influyen, unilateralmente, en las decisiones políticas de las sociedades capitalistas, y el escaso poder e influencia de las clases medias y los sectores populares menos favorecidos de la población. Estos argumentos están siendo utilizados por los detractores de las políticas neoliberales y de la globalización resultante.

Para los defensores de la globalización la mayor interdependencia económica, cultural y política de todos los países del mundo genera un incremento del comercio mundial de bienes y servicios producto de una disminución del aislamiento, así como un mayor flujo de capitales, que facilitan el desarrollo y crecimiento económico de los países implicados. Esto ha permitido crecer a numerosos países mucho más rápidamente que en otras épocas anteriores permitiendo igualmente que un número mayor de personas gocen en la actualidad de un mayor nivel de poder adquisitivo y de un nivel de vida muy superior al que habían disfrutado décadas anteriores.

Sin embargo, en el lado opuesto, cada vez son más las voces que señalan a la globalización como la principal causante de la creciente brecha entre los países desarrollados y los países en vía de desarrollo. Radicalmente se afirma que se beneficia a los ricos, en detrimento de la pobreza y la indigencia, perjudicando a las masas o gran parte de los países afectados menos desarrollados. Definen la globalización como una nueva forma de colonialismo, puesto que en el fondo lo que se ha hecho es reemplazar viejas formas de sometimiento por otras más sofisticadas, impidiendo superar la distribución desigual del poder y la riqueza en el mundo.

Se acusa a la globalización de haber favorecido la hipocresía de los países ricos al permitir que éstos forzasen a los de menor desarrollo económico a eliminar las barreras comerciales a partir de una política económica que los países industrializados no estarían jamás dispuestos a aceptar; pero, entretanto, los países ricos mantienen sus barreras arancelarias frente a los bienes procedentes de los países en vías de desarrollo, sobre todo, los bienes procedentes de la agricultura.

Una de las voces más autorizadas que se han alzado contra esa doble moral y contra la globalización actual ha sido el Premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz el cual llega a afirmar en su libro “El malestar en la globalización” que las políticas macroeconómicas aplicadas en algunos países supuestamente dirigidas a aumentar el bienestar de las respectivas poblaciones han provocado un aumento de la diferencia entre países ricos y países pobres. Stiglitz pone en evidencia la globalización al afirmar que en dicho contexto, en que todas las economías nacionales se encuentran en constante interacción, se debe favorecer el crecimiento económico de los países menos desarrollados; pero para que ello sea posible, no basta con que las instituciones económicas supranacionales se apliquen en proporcionar recetas de crecimiento, sino que éstas deben de respetar  las secuencias y los ritmos que exigen algunas economías con un débil grado de desarrollo.  Esto supone un ataque directo a la ideología neoliberal y el intervencionismo de los Estados.

En este mismo sentido apunta el economista Luigi Pascali al llegar a la conclusión de que el libre comercio no favorece necesariamente el desarrollo económico. Sólo lo hace en aquella minoría de países que tienen un sistema judicial eficiente y donde el gobierno no está por encima de la ley. Así lo confirma al asegurar que “va en contra de la idea teórica que teníamos de que, cuanto más comercio, más riqueza. Es una lección importante para el mundo actual”.

CONCLUSIONES

Desde mi punto de vista, la globalización ha permitido incrementar el comercio internacional haciendo más partícipes de la apertura de mercados a países que tenían un alto índice de aislamiento, desarrollando el libre comercio y un crecimiento económico basado en el incremento de exportaciones. Sin embargo, comparto las afirmaciones de Stiglitz y Pascali al indicar que esta globalización no se ha de realizar desde una perspectiva genérica para todos los países en vía de desarrollo sino siendo conscientes del grado de desarrollo de cada país implicado y de las diferentes etapas y ritmos de crecimiento óptimos para cada uno de ellos. No se puede administrar la misma medicina y la misma dosis a todos los pacientes con síntomas, enfermedades y grados diferentes.

No puedo estar de acuerdo cuando se afirma categóricamente que únicamente el capitalismo salva vidas. La tasa de pobreza, definida por la Organización de Naciones Unidas (ONU) con la misión de medir el nivel de vida que prevalece en los países, contempla varias dimensiones entre las que se encuentran la educación, salud y nivel de vida. Que estas variables mejoren no dependen tanto de las inversiones directas extranjeras sino de cambios en las políticas nacionales centradas en la mejora de infraestructuras, servicios y nivel educativo. Por supuesto que las inversiones directas pueden ayudar a acelerar el crecimiento de estas variables, pero una mejora de las mismas no confirma necesariamente que ésta sea producto única y directamente del libre comercio o de políticas capitalistas. Es necesario que el crecimiento se asiente sobre un desarrollo local y con políticas nacionales a medio y largo plazo que ayuden a ello.

Este desarrollo económico, y por tanto el crecimiento de estos países, no puede únicamente basarse en el libre comercio y en la economía de mercado; estas políticas han de tener una base sólida sobre un sistema judicial y político eficiente, con un bajo nivel de corrupción y un entorno regulatorio-normativo que atraiga a las inversiones directas y arraiguen en los países menos desarrollados.

Establecer libre comercio y acuerdos internacionales de comercio en la práctica no implica en muchos casos beneficios mutuos para los países que establecen dichas relaciones. Es necesario que los países más desarrollados se comprometan más allá e inviertan directamente en los menos desarrollados, produciendo, ayudando y participando de una manera activa en el desarrollo de la economía del menos favorecido.